Tras mucho leer por internet, cogimos un poco las ideas que mas nos gustaron de todo lo que leímos, con lo que llegamos a la conclusión de que el perro se ponía nervioso por el hecho de quedarse solo y que una insensibilización a este hecho, solucionaría el problema, por lo que nuestra forma de actuar fue:
Situamos al perro en el sitio donde deseábamos que pasase el tiempo que no estuviésemos en casa (en el pasillo, sentado en su cama) y empezamos a hacer como que nos íbamos de casa, empezando primero simplemente yendo hasta la puerta de entrada abriéndola y cerrándola y si el perro se había movido del sitio, le reñíamos, en caso contrario, lo premiábamos con una galleta. Nuestro planteamiento era que en unos pocos días llegaríamos a que el perro estuviese tranquilo durante unos 15-20 minutos y que ya pasado ese tiempo que daría lo mismo 15-20 que una hora o dos o las que estuviésemos.
Tras unos días de ejercicios, lo único que conseguimos fueron unos pocos minutos (2 o 3) y ahí nos estancamos. Aunque habían días buenos en los que al volver a casa el perro no había defecado, en la mayoría de ellos y sobre todo cuando nos íbamos al pueblo, el perro no se portaba nada bién y al volver a casa cabreados, le reñíamos.
Junto con el ejercicio de dejarlo en el pasillo y hacer como que te vas, empezamos otro ejercicio complementario que consistía en dejarlo solo en el pasillo cuando estábamos haciendo nuestra vida normal en casa (en el salon o en la cocina), con lo que pretendíamos que el perro tuviese menos dependencia de nosotros y por lo tanto fuese menos traumático para el la separación.
En este aspecto si conseguimos resultados, en pocos días, pasó de no poder estar ni 5 minutos solo en el pasillo a pasarse horas, esto lo conseguimos con la una técnica que vimos en "El encantador de perros" y era que cada vez que el animal intentaba entrar donde tu no querías que entrase, lo echabas dándole una orden tipo "fuera" o "a tu sitio" mientras le bloqueabas el paso con las piernas y le obligabas a retroceder hasta su sitio. A la 5ª o la 6ª vez que lo echamos, se quedó ya un buen rato acostado fuera y solo hubo que reñirle un par de veces mas para que pasase 30 o 40 minutos en el pasillo. Al 4 o 5 día que hicimos el ejercicio ya ni intentó entrar hasta que lo llamamos.
Aun así, no conseguíamos que el perro se quedase tranquilo al marchar de casa y empezamos a darle vueltas al asunto: ¿Porque puede estas horas durmiendo en el pasillo estando solo y no puede estar ni 5 minutos cuando nos vamos de casa? Entonces dimos un paso mas: ¿y si en vez de en el pasillo lo dejamos en una habitación? podremos irnos de casa sin que el nos vea y se quedará como cuando se queda en el pasillo... Lógicamente esta teoría se cayó con todo el equipo en cuanto lo metimos en una habitación, no había forma de que el perro se quedase en ella tranquilo. Nuestra teoría fue la siguiente: En el pasillo se queda tranquilo porque el perro ha entendido que para irnos de casa por fuerza hay que pasar por el pasillo, por lo que estando ahí él no podemos irnos sin que nos vea.
Con todos estos ejercicios no conseguimos eliminar el problema pero si avanzamos un poco, conseguimos insensibilizarlo un poco a la puerta de casa, a partir de entonces el perro no se pone nervioso en cuando nos acercamos a la puerta ni cuando salimos de por ella, pero en cuanto el ve que está solo un rato, vuelve a lo suyo: a rascar las puertas a ladrar, a llorar, a aullar, a defecar y a babear por toda la casa. Fijaos hasta que punto rasca las puertas que en el piso de los fines de semana ha hecho un agujero en la pared que está justo al lado de la puerta de unos dos cm de profundidad y ha arrancado un cacho de una de las molduras de la puerta de la entrada. Amen de haber dejado casi sin color la puerta de la entrada del piso donde estamos entre-semana.
jueves, 15 de abril de 2010
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